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Una mujer romana en retratos de las Augustas

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LA MUJER ROMANA

La mujer romana aparece en cada edad como la compañera del hombre; le está cerca en las recepciones y en los banquetes, divide con él la autoridad sobre los hijos y sobre los siervos. Las matronas romanas gozan de la confianza de los propios esposos, salian, se intercambiaban visitas, iban por ahí por las tiendas a hacer compras. Por la noche acompañaban a los esposos al banquete y regresaban tarde. Desde la infancia, niños y niñas crecieron jugando juntos y juntos frecuentaron las escuelas dónde aprendieron a leer, a escribir, a calcular. Acabados los primeros estudios, las chicas de buena familia seguian instruyéndose privadamente:  estudiaban la literatura latina y la griega aprendian a tocar la cítara, a cantar, a bailar, sin apartar a la mujer del ocuparse de los trabajos femeninos. En los tiempos más antiguos la matrona hilaba con las criadas y esta ocupación era un índice estimado de gran virtud. En el último siglo de la república la patricia romana había tomado un paso más hacia la igualdad con el hombre, consiguiendo la independencia jurídica y patrimonial. En efecto, mientras antes era dependiente del punto de vista económico del padre, o del marido, con la nueva ley matrimonial se le permitió conservar y administrar en plena autonomía todos los bienes que poseía.

Las mujeres romanas, en los tiempos antiguos, vistieron exactamente como los hombres. Pero la influencia etrusca y griega bien pronto trajo una nueva moda, exclusivamente femenina. La prenda principal fue una camisa adherente, sobre la que se usaba un vestido y una capa. Todo fue, finalmente, adornado por un velo. Por encima de la túnica íntima, las romanas vestian la estola, cortada exactamente como la túnica íntima, con la única diferencia que la estola tuvo las mangas, más o menos estrechas, largas hasta el antebrazo, sobre todo si la túnica era sin mangas. Para hacer la prenda más valiosa, las romanas tiñeron las telas de rojo púrpura y lo adornaron con perlas y broches de oro. A menudo, la estola fue detenida en la cintura con un cinturón, que se volvió a su vez un precioso objeto de adorno. La mujer romana no se consideraba completamente vestida sin el velo, que apoyado, en diferentes maneras, sobre la cabeza, caia suavemente sobre la espalda y los hombros. Las mujeres romanas amaban recoger el cabello en redes de oro o plata: nos asombra y nos hechiza la variedad de sus peinados, que van desde las más simples trenzas y moños de las primeras augustas a aquellos más elaborados de la época severiana.

LAS AUGUSTAS

Las monedas romanas, no sólo instrumento económico, sino también el vehículo de  propaganda, que detalladamente llegó en las diferentes tierras del imperio, son para nosotros una fuente insustituible y preciosa para la reconstrucción de los retratos de los emperadores y las mujeres que estaban cerca. Madres, mujeres, hijas y hermanas participaron en los hechos de un gran imperio como  fieles  compañeras y consejeras, a veces también como acérrimas enemigas. De algunas de ellas nos hablan los historiadores del tiempo así en las páginas de Tácito reviven las mujeres de los Julio-Claudia, Livia, Julia, Antonia, las dos Agripina, Mesalina, Octavia, Popea, Suetonio vienen a nosotros  las figuras trágicas de Julia y Domizia. Los retratos femeninos, además de habernos transmitido indelebles imágenes de mujeres, muy a menudo de alto valor artístico, constituyen para nosotros un interesante recorrido en la evolución de los retratos romanos de época imperial. El mismo realismo que caracteriza el primer siglo de la estatuaria se encuentra también en los retratos de las Augustas del primer período imperial, que emergen llenas de vida, de las monedas que el augusto les dedicó. A través de la evolución del retrato romano, se llegará, aunque con una evolución lenta, a las estilizadas y macizas imágenes de la mujer en la época de la tetrarquía.

LOS PEINADOS DE LAS AUGUSTAS, UN SIGNO DE LA EVOLUCIÓN DE LA MODA

Durante el imperio la moda de los peinados es dictada por las Augustas. Gracias a las monedas también los retratos de las augustas pueden alcanzar los sitios más lejanos del imperio, haciendo notorios los peinados de la dinastía al poder a todos los subditos. Los aristócratas provinciales de hecho prestan mucha atención a la moda que viene de Roma. En la primera edad imperial los peinados de las Augustas son simples, pero elegantes. Livia, esposa de Augusto en el 39 A.C., lleva un peinado con un pequeño moño. En el curso del siglo, sin embargo, los peinados se complican, también recurriendo a toupets y postizos, hechos con cabello real, que fueron dispuestos a corona alrededor de la frente, mientras que una rosca de trenzas envuelve la parte posterior de la cabeza. Con la edad neroniana es abandonado la raya central y el cabello sobre la frente, corto, se organiza en una maraña de rizos llamativos, mientras que el resto del cabello está recogido en dos trenzas detenido por un nudo. A comienzos del siglo II la forma del cabello de las mujeres pertenecientes a la familia de Trajano cambia todavía . Las damas se peinan haciendo uso de cabello falso, usando un postizo a trenzas, que toma la forma de una diadema sobre la frente. El peinado a turbante también es seguido por las señoras en las provincias. De la edad Severiana se propaga  el peinado con raya central, cabello pomposo y muy ondulado, que se recoge sobre la nuca en un moño. Este peinado abre el camino a la de "yelmo", que fue aquel principalmente seguido por las emperatrices del III siglo d.C. Aunque la mayoría de las Augustas no nos hayan transmitido los semblantes de estatuas o de afrescos, a través de sus retratos en las monedas nos parece que las efigies tomen forma, redescubriendo los exactos rasgos somáticos de pequeñas imágenes de las monedas. A través de las monedas dedicada a las Augustas  nos parece posible trazar una historia en clave femenina en los eventos del Imperio Romano.

Francesca Barenghi

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